La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, busca una respuesta a la desbordada criminalidad de las pandillas y, para ello, ¡viaja a visitar a uno de los jefes de Estado más controvertidos de América Latina! En El Salvador, quiere reunirse con el presidente Nayib Bukele y visitar su famosa mega-prisión CECOT. El centro penitenciario tiene capacidad para albergar hasta 40.000 presos y simboliza, como pocos edificios, la férrea lucha de Bukele contra las pandillas criminales. Pero ¿puede este modelo hacer que Perú sea más seguro?
Fujimori en una misión delicada en El Salvador
El miércoles por la noche, 28 de octubre de 2026, Keiko Fujimori aterrizó en El Salvador. La presidenta peruana fue recibida con honores militares. Detrás de la visita diplomática se esconde un plan políticamente delicado: Fujimori quiere informarse de primera mano sobre cómo El Salvador combate la delincuencia organizada y qué medidas podrían ser viables para Perú.
La presidenta viaja acompañada por una alta delegación de varios ministerios. Para los días 29 y 30 de octubre están previstas conversaciones con el presidente Nayib Bukele y otros representantes del gobierno. Además de los asuntos de seguridad interna, también están en la agenda la cooperación en materia de salud y educación, así como las relaciones económicas. Sin embargo, la mayor atención se centra claramente en la visita prevista a la prisión de máxima seguridad CECOT.
¡40.000 plazas penitenciarias! ¿La mega-prisión como modelo para Perú?
En pleno centro de El Salvador se encuentra un centro penitenciario cuyas dimensiones han acaparado los titulares de todo el mundo. El Centro de Confinamiento del Terrorismo, conocido como CECOT, se inauguró en 2023 y está diseñado para albergar hasta 40.000 presos. Las masivas medidas de seguridad, las estrictas condiciones de detención y el amplio aislamiento de los internos pretenden impedir que las organizaciones criminales continúen sus actividades desde las prisiones.
Fujimori quiere informarse durante su visita sobre la organización del centro y las medidas de seguridad. Las conversaciones con el ministro de Seguridad salvadoreño, Gustavo Villatoro, deberían ofrecer una visión más profunda de la estrategia del país. Aún no se ha confirmado si el gobierno peruano está considerando realmente la construcción de una prisión comparable. Sin embargo, el solo interés por el CECOT demuestra la intensidad con la que Perú busca nuevas soluciones en la lucha contra la delincuencia.
¡Extorsión o amenaza de muerte! La población peruana vive con miedo
En Perú, la extorsión, los asesinatos por encargo y la delincuencia organizada de las pandillas han alcanzado una magnitud que genera cada vez más inseguridad. Los comerciantes, los pequeños empresarios y los trabajadores del transporte público son especialmente afectados. Los grupos criminales exigen pagos periódicos y hacen cumplir sus demandas con graves amenazas. Quien se resiste se arriesga a sufrir ataques violentos. Para numerosos afectados, el miedo lleva mucho tiempo siendo parte de su día a día.
Las consecuencias van mucho más allá de las víctimas directas. Los negocios sufren presión económica, los puestos de trabajo están en peligro y la confianza en las autoridades de seguridad del Estado se desvanece. El norte de Perú también se enfrenta a importantes desafíos. En regiones como Piura y Tumbes, las autoridades se ven ocupadas por redes criminales transfronterizas, el contrabando y otras actividades ilegales. Por ello, una lucha eficaz requiere no solo una mayor presencia policial, sino también investigaciones que funcionen y una mejor coordinación entre los organismos competentes.
El puño de hierro de Bukele: menos violencia, pero graves acusaciones
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha convertido la lucha contra las pandillas criminales en el eje central de su política. Desde marzo de 2022, el país se encuentra bajo estado de excepción, que otorga amplias facultades a la policía y a las fuerzas de seguridad. Decenas de miles de personas han sido detenidas mientras el gobierno llevaba a cabo una ofensiva masiva contra las antaño poderosas pandillas. Según datos oficiales, el número de homicidios ha disminuido considerablemente. Muchos residentes afirman que hoy pueden moverse por barrios que antes se consideraban peligrosos.
Sin embargo, esta dura estrategia tiene un alto coste político y social. Organizaciones internacionales de derechos humanos denuncian detenciones arbitrarias, la restricción de los derechos de defensa y casos de malos tratos en los centros penitenciarios. Las muertes en custodia estatal también plantean graves interrogantes. Mientras los seguidores de Bukele celebran su política como un éxito histórico, sus críticos advierten de un debilitamiento permanente del Estado de derecho. Precisamente esta contradicción es lo que hace que el modelo de seguridad sea tan controvertido para Perú.
¿Una mega-prisión para Perú? Los obstáculos decisivos
La idea de albergar a los delincuentes especialmente peligrosos en una enorme instalación de máxima seguridad podría contar con el apoyo de Perú. Sin embargo, una prisión al estilo salvadoreño no sería una solución sencilla para los problemas de seguridad del país. Perú es geográficamente mucho más grande que El Salvador y se enfrenta a distintas formas de delincuencia organizada. Además de las redes urbanas de extorsión, entre ellas se incluyen el narcotráfico, la minería ilegal y las actividades criminales en las fronteras internacionales.
A esto se suman problemas estructurales en la persecución de delitos, la justicia y la lucha contra la corrupción. Incluso un centro penitenciario altamente seguro no podría desmantelar de forma permanente las redes criminales si las investigaciones fracasan o si los responsables están protegidos mediante sobornos. Hasta ahora, el gobierno de Fujimori no ha aprobado ni la construcción de un CECOT peruano ni la adopción de leyes de excepción comparables. La visita a El Salvador es, en primer lugar, un intercambio político de experiencias, cuyas posibles consecuencias solo podrán evaluarse después de las conversaciones.
Más que seguridad: también salud y educación en la agenda
Además de la lucha contra la delincuencia, Fujimori quiere fortalecer las relaciones entre Perú y El Salvador en otros ámbitos. Entre los lugares previstos en el programa de la visita figuran el Hospital Nacional Rosales y la plataforma de salud digital DoctorSV. La delegación peruana quiere informarse sobre las experiencias que El Salvador ha adquirido en la modernización de su sistema sanitario y qué enfoques podrían resultar interesantes para Perú.
También están previstas conversaciones sobre educación y cooperación económica. Representantes de ambos países discutirán posibles inversiones y proyectos conjuntos. Con ello, Fujimori intenta dotar a la visita de Estado de una base más amplia. Sin embargo, políticamente el viaje se juzgará sobre todo por una cuestión: ¿Qué consecuencias extraerá el gobierno peruano de sus conversaciones con Bukele?
Perú espera respuestas: ¿hasta dónde llegará Fujimori?
Con su viaje a El Salvador, Keiko Fujimori envía una señal clara. La presidenta quiere demostrar que su gobierno busca nuevas vías en la lucha contra la delincuencia organizada y que, para ello, también examina modelos internacionales controvertidos. Sin embargo, para la población lo importante no es visitar una prisión espectacular, sino saber si realmente se pueden frenar las extorsiones, los actos violentos y el poder de las redes criminales.
Aún queda por ver si Fujimori llega a acuerdos concretos con Bukele o si quiere adoptar algunas de las medidas de su política de seguridad. Lo que está claro es que cualquier posible cambio de rumbo también podría desencadenar un debate sobre los derechos humanos y los límites del Estado de derecho. Por tanto, la pregunta decisiva es: ¿puede Perú acabar actuando eficazmente contra las pandillas sin poner en peligro los derechos fundamentales de libertad?
Fuentes
Agencia Andina, 29 de octubre de 2026; Diario Oficial El Peruano, 28 de octubre de 2026; El Comercio Perú, 28 de octubre de 2026; EFE, 29 de octubre de 2026; informes internacionales de derechos humanos sobre la política de seguridad de El Salvador.
