El extraño en la niebla y el castigo silencioso de Viracocha
Cruzar el umbral de repente se volvió difícil, pues afuera se acumulaba la niebla. Una neblina descendía por la ladera como una mano grande y gris. Un grito resonó por el pueblo, primero uno, luego muchos. El miedo creció, veloz como el fuego en la hierba seca.