Perusina, Perusino y Franz en Huancabamba
En las montañas de Huancabamba, una bolsa de hierbas desaparece en la niebla. El rastro conduce desde la Laguna Shimbe, a través de una cascada, hasta la Laguna Negra, donde el agua revela algo que permanece oculto en la orilla.
"En Huancabamba, hay que escuchar el agua", dice el anciano. Perusino susurra: "Yo lo que oigo principalmente son mis dientes castañetear".
La laguna que no puede mentir
Una historia de Huancabamba de niebla, agua, hierbas y reflejos: una bolsa desaparece, un arroyo la arrastra hacia la cascada y la Laguna Negra muestra la pista que todos en la orilla pasan por alto.
La bolsa de hierbas desapareciĂł justo en el momento en que la niebla envolviĂł la laguna.
Antes, todo estaba allĂ: el estrecho sendero de hierba mojada, el aire frĂo que mordĂa las orejas de Perusino, la oscura superficie de la Laguna Shimbe y el anciano del sombrero blanco, que estaba de pie en la orilla y decĂa: "En Huancabamba, hay que escuchar el agua".
Perusino habĂa susurrado: "Yo lo que oigo principalmente son mis dientes castañetear".
Entonces llegĂł la niebla. Densa. Blanca. HĂşmeda.
Cuando se disipĂł de nuevo, la pequeña bolsa de tela habĂa desaparecido. El chico junto al anciano palideciĂł. Se llamaba Yaku y llevaba un fardo de plantas al hombro.
"La bolsa era para la mesa de mi abuelo", dijo. "Sin ella, no podrá preparar nada hoy."
Perusina mirĂł al suelo. En la hierba del páramo brillaban gotas de agua. Ni huellas. Ni marcas. Solo una delgada lĂnea que conducĂa a la orilla.
Franz olfateĂł. "Hierbas. Humo. Piedra mojada. Y algo picante."
Yaku se agachĂł. "Mishquilla. Mi abuelo la usa para limpiar. Pero no crece directamente en la laguna."
Entonces algo salpicĂł. Flotaba una hoja verde en el agua. Dio una vuelta y luego se deslizĂł lentamente lejos de ellos.
En la orilla opuesta, una sombra se moviĂł. Brevemente. Luego se fue.
Franz saltĂł. "¡AhĂ!"
Se dio cuenta demasiado tarde de lo resbaladiza que estaba la hierba. Se deslizó directamente hacia la laguna. Perusino se lanzó detrás de él y agarró su bolso. Yaku clavó su bastón de senderismo en el suelo. Perusina lo agarró. Por un momento, Franz y Perusino estuvieron medio colgando sobre el agua negra.
Se retiraron. En la orilla habĂa una segunda hoja. En ella, pegado, un hilo de la bolsa desaparecida.
El rastro no conducĂa por el sendero, sino a un arroyo que salĂa de la laguna. El agua corrĂa entre las piedras y desaparecĂa cuesta abajo en la niebla.
"Si la bolsa cayĂł ahĂ", dijo Yaku, "terminará en la cascada."
Perusina asintió. "Entonces tenemos que ser más rápidos que el agua."
Corrieron. El arroyo era estrecho, pero salvaje. Saltaba sobre piedras, desaparecĂa bajo matas de hierba y reaparecĂa en otro lugar. Perusino resbalĂł tres veces, la cuarta vez exclamĂł: "¡Ahora lo hago a propĂłsito!"
Entonces oyeron el trueno.
La cascada El Sitan caĂa sobre roca oscura. RocĂo salpicaba en el aire. Un estrecho sendero corrĂa a un lado, resbaladizo y empinado.
Algo oscuro colgaba entre dos piedras.
La bolsa.
Estaba atrapada en una raĂz justo encima de la cascada.
Yaku saltó hacia adelante. "¡Yo la consigo!"
"No", dijo Perusina. "La roca está mojada. Asà la conseguiremos bien."
Perusino sacĂł su cuerda de la mochila. Franz encontrĂł una rama curvada. Perusina atĂł la cuerda a ella.
El primer intento golpeĂł la roca. El segundo intento golpeĂł a Perusino en la rodilla. El tercer intento atrapĂł el asa de la bolsa.
"¡Tiren!"
Todos tiraron. La bolsa se soltĂł. Y saliĂł disparada con el agua.
"¡No es bueno!", gritó Perusino.
Franz saltĂł por el sendero, pasándolos. Debajo de la cascada habĂa una piedra plana en el arroyo. Franz saltĂł sobre ella, abriĂł la boca y atrapĂł la bolsa por la cuerda.
El agua casi lo arrastra. Perusina se tirĂł de bruces y agarrĂł su bolso. Perusino agarrĂł a Perusina. Yaku agarrĂł a Perusino.
De nuevo una cadena. De nuevo mojados. De nuevo por poco.
Con un Ăşltimo tirĂłn, sacaron a Franz y la bolsa del arroyo.
Yaku abriĂł la bolsa.
VacĂa.
Perusina tomĂł la tela. Dentro habĂa diminutos granos negros pegados. OlĂan a humo. Y a la misma planta picante que Franz habĂa notado.
"Alguien le sacĂł el contenido", dijo. "Y arrojĂł la bolsa al agua como una pista falsa."
Entonces, un sonido surgiĂł de la niebla. No un grito. No un animal. Un suave golpeteo. Piedra contra piedra.
Siguieron el sonido cuesta arriba, no de regreso a la Laguna Shimbe, sino más allá, a una laguna más oscura entre rocas.
Yaku se detuvo. "Laguna Negra."
El agua era casi negra. NingĂşn viento movĂa la superficie. En la orilla estaba una chica con capucha. Delante de ella habĂa plantas, una pequeña taza de arcilla y las hierbas perdidas de Yaku.
"¡Oye!", gritó Perusino.
La figura se dio la vuelta. No era un ladrón con mala cara. Era una niña, tal vez de doce años. Sus manos temblaban.
"No querĂa robar nada", dijo. "Mi madre está enferma. PensĂ© que si tomaba las plantas, ayudarĂa más rápido."
Yaku se adelantĂł. "DeberĂas haber preguntado."
Entonces la niebla se movió sobre la laguna. Por un momento, Perusina vio en el agua no solo las rocas y la niña. Vio detrás de ella algo que estaba oculto en la orilla: una estrecha abertura entre dos piedras, claramente visible en el reflejo.
"La laguna muestra lo que pasamos por alto", susurrĂł ella.
Detrás de la abertura habĂa un pequeño lugar seco. Dentro: varios manojos de plantas vacĂos, cuerdas viejas y una segunda taza de arcilla.
De la abertura saliĂł un anciano con un saco a la espalda. El saco estaba lleno de hierbas.
"Las lagunas no pertenecen solo a uno", dijo Yaku en voz baja. "Pero no se toma todo. De lo contrario, no queda nada para quienes realmente buscan ayuda."
Más tarde, en la orilla de la Laguna Shimbe, el abuelo de Yaku mostrĂł quĂ© hojas se podĂan tomar, cuáles debĂan dejarse y por quĂ© algunas plantas solo eran lo suficientemente fuertes despuĂ©s de la lluvia.
Perusina mirĂł el agua tranquila. "La laguna no hablĂł. Pero reflejĂł."
¿Qué hay en esta aventura?
Tres pistas de los amigos
Reconoce la pista falsa del agua y descubre el pasaje oculto en el reflejo de la Laguna Negra.
Se resbala, tira, mantiene la cadena de rescate en el arroyo y se mantiene firme incluso cuando todo se moja.
Encuentra el rastro picante de hierbas, persigue la sombra y atrapa la bolsa debajo de la cascada.
Tu misiĂłn de descubrimiento
Dibuja una laguna como un espejo: ¿Qué se ve directamente en la orilla, y qué revela solo el reflejo en el agua?
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Abrir canal de WhatsAppPreguntas sobre Huancabamba
ÂżEs esta página una guĂa de viaje?
No. La página es una historia de aventuras para niños, donde lagunas, niebla, plantas y agua impulsan la trama.
¿Qué tiene de especial Huancabamba?
Huancabamba es especialmente conocida por las Lagunas de las Huaringas y la conexión del agua de las tierras altas, las montañas y el arte curativo tradicional.
ÂżYaku y la bolsa de hierbas son reales?
No. Los personajes y el caso son inventados. Sin embargo, la conexiĂłn de Huancabamba con lagunas, plantas y curanderismo tiene un trasfondo cultural real.
¿Por qué los reflejos juegan un papel importante?
El reflejo convierte la laguna en un enigma: los niños aprenden que observar a veces es más importante que buscar.
¿Qué aprenden los niños en esta aventura?
Aprenden que las plantas, el agua y los lugares deben ser tratados con respeto y que no se debe tomar todo lo que se encuentra.
Fuentes e informaciĂłn adicional
La informaciĂłn objetiva de las secciones de aprendizaje se basa en informaciĂłn general sobre Huancabamba, las Lagunas de las Huaringas, paisajes de tierras altas y la tradiciĂłn curativa regional:
- PromPerĂş: InformaciĂłn sobre Piura, Huancabamba y el Norte de PerĂş
- Municipalidad Provincial de Huancabamba: contexto local y destinos naturales
- Ministerio de Cultura del PerĂş: informaciĂłn sobre tradiciones culturales y patrimonio regional
- Instituto Nacional de EstadĂstica e Informática (INEI): datos básicos regionales de PerĂş y Piura